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Avisos Graciosos

—Oye, ¿alguna vez has visto avisos que en vez de advertirte… te hacen reír?

—¡Sí! El otro día vi uno en la entrada de un baño que decía:

»No somos responsables por teléfonos que se suiciden en el inodoro.»¡Casi me muero de la risa!

—¡Jajajaja! Yo vi uno en una tienda que decía:

**»Si no eres Dios, el jefe o mi mamá… no me des órdenes.

**—¡Buenísimo! Hay uno clásico de oficinas que dice:

**»Prohibido quejarse. Si tienes soluciones, bienvenidas. Si solo vienes a llorar, ahí está el baño.

»—¡JA! O uno en la nevera del trabajo:»Si no trajiste comida, no abras la nevera buscando milagros.

»**—También vi uno en una casa con perro que decía:

**»Aquí manda el perro. Nosotros solo pagamos la renta.

»**—Ese está buenísimo. ¿Y los de bares? Hay uno que decía:

»Evita la resaca: mantente borracho.»(No muy responsable… pero te saca una sonrisa )

—Y qué tal este en una biblioteca:**»Silencio… o te leemos en voz alta tus mensajes de WhatsApp.

»**—JAJA eso sí da miedo.

¡Los avisos pueden ser súper creativos! Informan, pero con estilo.—Totalmente. Yo digo que cuando un aviso te hace reír, es más fácil que lo leas y lo recuerdes.—

© 2025 Ana Paola, Todos los derechos reservados.

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El camino de la prudencia

(Autora: Ana Paola estudiante de astrofísica y escritora)

En un pequeño pueblo, vivía un joven llamado Alejandro. Desde niño, sus padres, don Carlos y doña María, le enseñaron que el

dinero no era solo para gastar, sino para cuidar y usar con sabiduría.

— Alejandro, hijo —decía don Carlos—, el dinero es como una semilla. Si la plantas y la cuidas, crecerá y te dará frutos. Pero si

la gastas sin pensar, se perderá.

— Lo entiendo, papá —respondía Alejandro con una sonrisa—. Prometo ser responsable.

…..(Continuará)

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Ana Paola

Ana Paola, estudiante de astrofísica, publica historias.

«Las tres inseparables»

(Novela de Ana Paola, estudiante de astrofísica y escritora)

Chayo, Olga y Ana habían sido inseparables desde que se conocieron en el primer año de la preparatoria. A pesar de que cada una tenía sus particularidades, había algo en ellas que las hacía encajar como piezas de un rompecabezas.

Chayo, la más extrovertida y soñadora, siempre tenía ideas locas. Olga, la práctica y algo perfeccionista, era la que hacía que las ideas de Chayo cobraran forma. Ana, por su parte, era el equilibrio, el puente entre las dos, con una sonrisa fácil y la capacidad de hacer que cualquiera se sintiera a gusto.

Aquella tarde, mientras caminaban por el pasillo rumbo a la siguiente clase, la conversación giraba en torno a la graduación, que estaba cada vez más cerca.— «Ya casi un año más y estamos fuera de aquí. ¿Te imaginas?» —dijo Olga, pensativa mientras se metía una mano en el bolsillo de su mochila.— «Lo que me imagino es la fiesta de graduación. ¡No podemos dejarnos vencer por la rutina! Necesitamos algo épico.» —Chayo hizo una pausa, mirando a sus amigas con una sonrisa de complicidad.— «¿Qué tal si hacemos algo más para recaudar fondos para nuestra graduación? No solo vender tamales o rifas.» —propuso, con la misma chispa que la caracterizaba.

Olga levantó una ceja.— «¿Como qué, Chayo?»— «Pues…ya sé. ¡Vendemos cosas usadas!» —exclamó Chayo, animada por su propio entusiasmo. — «¿Por qué no aprovechar los objetos que ya no usamos? Y lo mejor, podemos hacerlo online, para llegar a más personas.»Ana, que había estado callada durante unos segundos, alzó la cabeza con interés.— «Eso no suena tan mal. Además, podemos subirlo a ese sitio de compraventa, el del Aviso de Ocasion.»

Chayo asintió, orgullosa de que Ana estuviera tan rápidamente enganchada.— «¡Exacto! Podemos vender ropa, accesorios, libros… hasta cosas de la casa. Todo lo que ya no usamos y que esté en buen estado. ¡Y todo el dinero lo destinamos para la graduación!»

Olga, aunque un poco escéptica al principio, no tardó en ver el potencial de la idea.— «Hmm… suena bien. Pero, ¿y … (continuará)

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Hello World

Bienvenido.

—Oye, ¿tú sabes qué es un aviso?

—Sí, mira, un aviso es básicamente cuando alguien te quiere decir algo importante, como para informarte, advertirte o recordarte algo. Por ejemplo, si en la escuela te dicen: “Mañana no hay clases”, eso es un aviso. Te están informando algo que necesitas saber.

—Ah, o sea como un mensaje.

—Exacto, pero no cualquier mensaje. Un aviso tiene un propósito claro. A veces te avisan para que tengas cuidado, como cuando ves un letrero que dice “Piso mojado”. Te están advirtiendo para que no te caigas. Otras veces es algo más formal, como un aviso legal, que ya tiene consecuencias más serias, como un aviso de desalojo o un aviso de privacidad que ves en las páginas web.

—Y también hay avisos en la tele, ¿no?

—Sí, esos son avisos publicitarios. Te quieren vender algo o contarte de una oferta, como “Compra uno y llévate el segundo gratis”. También cuentan como avisos porque te informan de algo, aunque con fines comerciales.

—Entonces, ¿pueden ser hablados, escritos o con imágenes?

—Sí, exacto. Un aviso puede ser un cartel, un correo, un anuncio en la radio… lo importante es que comunique algo de forma clara y directa.

Cómo hacerlo

……. (continuará)

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Avisos

—Oye, me he dado cuenta de que en todos lados hay avisos… en la calle, en la escuela, en el trabajo, en internet. ¿Para qué tantos?

—Sí, es verdad, están por todos lados. Y tienen su razón. Los avisos existen para que la gente esté informada sin necesidad de que alguien te lo diga en persona.

—O sea, como para que nadie diga: «¡Yo no sabía!»

—Exacto. Por ejemplo, un aviso en una tienda que dice «No se aceptan devoluciones» ya te está dejando claro algo importante antes de que compres. O uno en una puerta que diga “Prohibida la entrada” no necesita explicación, ya te está diciendo lo que necesitas saber.

—Sí, y también hay avisos que te cuidan, ¿no? Como los que dicen “Peligro: alto voltaje”.

—¡Tal cual! Esos son avisos de advertencia, que buscan evitar accidentes o problemas. Hay otros que simplemente te informan, como “Horario de atención: 9 a 5”.

—Y en la escuela siempre ponen avisos en los pizarrones o en la entrada. A veces ni los leo.

—¡Uy! A veces uno se pierde cosas por no leerlos. Los avisos también ayudan a que todo funcione bien: te dicen cuándo hay reuniones, si cambió el horario, si hay algún evento…

—O sea, son como recordatorios públicos.

—Exacto, son como la manera formal de que todos se enteren de lo mismo, al mismo tiempo. Por eso es importante ponerlos claros, en lugares visibles, y que la información sea directa.

—Tiene sentido… entonces, cuando alguien dice “pon un aviso”, no es solo por protocolo, ¡es porque sí sirve!

—¡Así es! Un buen aviso puede ahorrar muchos enojos, malentendidos y hasta problemas.

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