Avisos

—Oye, me he dado cuenta de que en todos lados hay avisos… en la calle, en la escuela, en el trabajo, en internet. ¿Para qué tantos?

—Sí, es verdad, están por todos lados. Y tienen su razón. Los avisos existen para que la gente esté informada sin necesidad de que alguien te lo diga en persona.

—O sea, como para que nadie diga: «¡Yo no sabía!»

—Exacto. Por ejemplo, un aviso en una tienda que dice «No se aceptan devoluciones» ya te está dejando claro algo importante antes de que compres. O uno en una puerta que diga “Prohibida la entrada” no necesita explicación, ya te está diciendo lo que necesitas saber.

—Sí, y también hay avisos que te cuidan, ¿no? Como los que dicen “Peligro: alto voltaje”.

—¡Tal cual! Esos son avisos de advertencia, que buscan evitar accidentes o problemas. Hay otros que simplemente te informan, como “Horario de atención: 9 a 5”.

—Y en la escuela siempre ponen avisos en los pizarrones o en la entrada. A veces ni los leo.

—¡Uy! A veces uno se pierde cosas por no leerlos. Los avisos también ayudan a que todo funcione bien: te dicen cuándo hay reuniones, si cambió el horario, si hay algún evento…

—O sea, son como recordatorios públicos.

—Exacto, son como la manera formal de que todos se enteren de lo mismo, al mismo tiempo. Por eso es importante ponerlos claros, en lugares visibles, y que la información sea directa.

—Tiene sentido… entonces, cuando alguien dice “pon un aviso”, no es solo por protocolo, ¡es porque sí sirve!

—¡Así es! Un buen aviso puede ahorrar muchos enojos, malentendidos y hasta problemas.

© 2025 Ana Paola, Todos los derechos reservados.

Comentarios

Deja un comentario